Cuando de amor se trata

¿Cómo exterminar cosas que no existen? Es decir, existen, pero no hay fuego que las haga arder, ni mar que las tape de azul, ni cachetada que las borre. Lo intenté, pero no se van, lo juro, no dejan de no existir.

Incluso aproveché las circunstancias para erradicarlas de mí. Tomé valor y dejé que la tormenta se las llevara, como si de un montón de sábanas se tratara. Pero cuando el polvo se asentó y el caos pasó, emanaron de entre los escombros, en principio levemente, para luego correr con la vehemencia del río más escandaloso.

El amor no correspondido es así. No existe, no es nada, pero se siente como si fuera todo. Es una idea, y esas cosas son traicioneras. Porque son unidireccionales, es decir, no necesitan del combustible externo para funcionar. Simplemente suceden y allí se ubican, caprichosamente, para permanecer y crecer contra las probabilidades.

La realidad no es rival para este sentir, la decepción no es capaz de desterrarlo. Y en ocasiones duele, porque invade los sueños más amenos y nos deja impávidos, inútiles ante el recordatorio de lo que podría ser, pero no es.

Podría ser, solamente, dentro de los parámetros descabellados de un idealista. Dentro del marco de una persona fuera de sus cabales, de un volado. Pero anda vos a decirle a ese loco que no idealice, cuando de amor se trata.

Publicado por ferla

Un muchacho con ganas de escribir.

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