Cicatrices

Cuando algo me lastima, me atormenta y no soporto más ese dolor, suelo mirar las cicatrices de mi piel. Desde la más chiquita hasta la más grande.

Observo la cicatriz en mi rostro y recuerdo cuando a los cinco años al caerme de la bicicleta, golpeé mi pera contra el suelo. Miraba las gotas de sangre en la remera que llevaba puesta y lloraba mientras mi mamá me tomaba de la mano esperando que el cirujano cerrara mi herida.

Hoy solo recuerdo esa cicatriz que me quedó cuando alguien me pregunta sobre ella, porque por más que esté ahí casi no puedo verla.

Lo mismo suele pasarme con otras cicatrices, pero que están dentro de mi, solo me acuerdo de ellas cuando alguien me pregunta, o cuando un olor, una palabra o un lugar me hacen recordarla.

Porque eso son las cicatrices, el recuerdo de un dolor que hoy ya no existe, que terminó. Y el cual solo está en nuestra memoria.

Por eso cuando estoy triste miro mis cicatrices porque entiendo que aunque hoy duela, dentro de un tiempo va a sanar.

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