Curiosidad, una teoría de opuestos

Siempre tuve la duda de si procurar alcanzar la felicidad o el amor, era algo intrínseco del ser humano, pero lo único intrínseco del ser humano es su curiosidad. Nuestro objeto de evolución pero también nuestra razón de autodestrucción, la primera espada de doble filo que blandió el hombre. Como humanos queremos conocer y dentro de esas cosas también queremos conocer emociones, así como el amor y la felicidad.

El problema es que conocerlo nos ubica en un circulo vicioso de necesidad, queremos continuar siendo felices y no serlo se traduce en tristeza instantánea. Lo que antes era una situación neutra ahora es dolor, un dolor que no inventamos, uno que solo conocimos cuando evadimos la ignorancia de dicha emoción.

La curiosidad por conocer algo positivo nos llevó a conocer su opuesto, un sentimiento igual de fuerte pero de resultado adverso y el universo siempre ha sido fiel a esta relación eterna, nada puede ser positivo sin existir su negativo. Vivimos curiosos por naturaleza, donde buscar saciar dicha necesidad nos hace conocer estas emociones y por transitiva, nos obliga a conocer sus opuestos.

El dolor de la humanidad está prescrito de esta forma perversa y el único remedio es procurar la ignorancia y evitar conocer lo positivo para eludir todo aquello que es negativo, pero ¿acaso valdrá la pena una vida neutra donde se evita la felicidad y el amor para esquivar el dolor que éstas sensaciones intrínsecamente generan?

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